
Este artículo fue publicado en LinkedIn el 7 de junio de 2021
En este artículo voy a hablar de uno de los juicios más curiosos y surrealistas de la historia de España, el juicio contra los delfines en Candás, Asturias, en 1624, cuyo juez fue un clérigo de la Santa Inquisición, y que, lejos de ser una leyenda, se encuentra documentado en un registro de la época, guardado en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo.
Índice
1. El Juicio contra los delfines
2. Bibliografía
1. El Juicio contra los delfines
En 1624, los pescadores de la localidad de Candás, Asturias, decidieron recurrir a los tribunales porque “los delfines y calderones que infectaban las costas les rompían las redes con que les quitaban el sustento de sus personas y casas” (el calderón es un tipo de delfín, aunque en el texto original del que hablaré más adelante se habla de “peçes bravos que llaman delfines dichos calderones”). El cura de Candás, el licenciado Don Andrés García de Valdés, fue el encargado de presentar la demanda ante el Obispo de Oviedo, Martín Alonso. Se nombro de abogado defensor al Doctor Don Juan García Arias de Viñuela, y como fiscal a Don Martín Vázquez, Catedrático de Prima de Cánones de la Universidad de Oviedo. Hay que recordar que la estructura y la forma de hacer los juicios eran distintas en el siglo XVII.
El 8 de septiembre de 1624, estos señores se embarcan en un navío, en compañía del clérigo de la Santa Inquisición, el muy reverendo Padre Maestro fray Jacinto de Tineo, de la Orden de Santo Domingo y Catedrático de la Universidad de Oviedo, el notario Don Juan de Valdés, y varios testigos.
Una vez que el barco llegó a alta mar comenzó el juicio. El abogado defensor expuso que los delfines eran criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse, y que los delfines estaban antes que los habitantes de Candás. El fiscal replicó que era una zona de pesca de los marineros de Candás, por lo que los marineros tenían mayor de derecho que los delfines. El clérigo dictó sentencia, y mandó al notario de que leyese en voz alta la sentencia, notificándoselo a los delfines. En dicha resolución se ordena a los delfines que desistan de los ataques y abandonen aquellas aguas, ya que en caso de que no lo hicieran, estarían condenados a ir al infierno. Se dice que los delfines acataron la sentencia, ya que “desde aquel día hasta los nuestros no se han visto en nuestras playas y costas”.
Durante mucho tiempo, esta historia se consideró una fábula o sátira de tradición oral, pero no hubo pruebas de su existencia, hasta que, en 1980, Marino Busto, cronista del concejo de Carreño, del que es capital Candás, descubrió en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo, el “protocolo del notario Don Juan de Valdés”, antes mencionado. El documento de Marino Busto, que a su vez recoge el protocolo del notario, donde informa de su descubrimiento y afirma que el pleito de los delfines está basado en un hecho real, se encuentra disponible en internet, y os lo adjunto en el primer enlace de la bibliografía.
El Maestro Gil González Dávila, cronista del rey Felipe IV, en su libro “Teatro Eclesiástico de la Santa Iglesia de Oviedo”, publicado en Madrid en 1635, también recoge la historia del juicio contra los delfines. Además, en dicho documento también se menciona el “pleito de los ratones”, de los que por ahora no hay más prueba que este libro, aunque Marino Busto no descarta que, visto el descubrimiento del juicio contra los delfines, este litigio, que ocurrió en Asturias en la década de 1630, también sea cierto y que aparezca documentación en el futuro.
La historia del juicio contra los ratones fue la siguiente. En la década de 1630, en Asturias, siendo Obispo de Oviedo Don Fernando Valdés hubo una plaga de ratones “que talaban los frutos y cosechas; no bastaron conjuros”, esta plaga supuso hambre y desesperación por lo que los vecinos decidieron recurrir ante la justicia. El provisor (Juez diocesano nombrado por el obispo) Diego Pérez, nombró a los ratones un abogado defensor, y esté argumento que “Dios, a estos animales, como criaturas suyas, les ha enseñado para el sustento de sus vidas los frutos y frutas de aquellos dominios”. No obstante, este argumento no convenció al provisor, que exilió a los ratones a “lo más encumbrado (alto)” de las montañas de Babia.
2. Bibliografía
Texto de Marino Busto, cronista del concejo de Carreño, del que es capital Candás, donde se recoge, el “protocolo del notario Don Juan de Valdés”, que a su vez contiene el documento original del juicio contra los delfines:
Artículo donde se resume la historia del juicio de los delfines:
Artículo donde se describe el juicio de los ratones:
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