
En este artículo voy a hablar de un juicio muy interesante, ocurrido en Francia, el juicio contra la cerda de Falaise, en 1386, que recoge el historiador francés Michel Pastoureau, en su libro “Una historia simbólica de la Edad Media occidental”.
Índice
1. El Juicio contra la cerda de Falaise
2. Bibliografía
1. El Juicio contra la cerda de Falaise
A comienzos de 1386, en Falaise, una localidad francesa situada en la Baja Normandía, sucedió un “crimen”, una cerda errante de aproximadamente tres años de edad, de cuyo dueño ignoramos su nombre, devoró el brazo y el rostro de un niño de tres meses de edad, llamado Jean Le Maux, que murió a causa de este suceso.
La cerda fue detenida, y se celebró un juicio que duró nueve días. En estos nueve días, la cerda fue alimentada y vigilada, y se le asignó un “deffendeur” (defensor). De la argumentación del defensor no se sabe mucho, aunque tuvo poco éxito, dado que la cerda “fue condenada a muerte luego de que se le practicaran las mismas mutilaciones que ella había infligido a su víctima”.
Además, “el vizconde (que fue probablemente quién pronunció la sentencia, y de quién se hablará más adelante), exigió que el suplicio se realizará frente al propietario del animal “para avergonzarlo” y del padre del niño “para castigarlo por no cuidar de su hijo”. Se notificó la sentencia en el calabozo, como si se tratase de un hombre o una mujer. Sin embargo, ningún cura escuchó su confesión”.
De la ejecución hay más datos, según describe Michel Pastoureau, la “cerda, vestida con ropas de hombre, fue acarreada por una yegua desde la plaza del castillo hasta la periferia de Guibray, donde se había instalado un cadalso sobre el campo de la feria. Allí, frente a una muchedumbre heterogénea integrada por el vizconde de Falaise y su gente, habitantes de la ciudad, campesinos venidos de los campos de los alrededores y una multitud de cerdos, el verdugo mutiló a la cerda, cortándole el morro y practicándose incisiones en un muslo.
A continuación, luego de disfrazarla con una suerte de máscara con forma de rostro humano, la colgó por los corvejones traseros de una horca de madera especialmente dispuesta para ese efecto y la abandonó en esa posición hasta que sobrevino su muerte. Cosa que, sin duda, ocurrió rápidamente, puesto que de las heridas del animal manaban borbotones de sangre.
Pero no por eso concluyó el espectáculo. Se trajo a la yegua nuevamente y, luego de un simulacro de estrangulamiento, se ató el cadáver de la cerda sobre una criba a fin de que el ritual infamatorio del acarreo pudiese recomenzar. Finalmente, luego de varias vueltas a la plaza, se colocó a los restos más o menos dislocados del pobre animal en una hoguera y se los quemó.
Ignoramos qué fue de sus cenizas, pero sabemos que un tiempo después, por pedido del vizconde de Falaise, se realizó una gran pintura mural en la iglesia de la Santa Trinidad, a fin de conservar el recuerdo del acontecimiento”.
En cuanto al Tribunal, se menciona que fue juzgado por una autoridad laica, seguramente por el vizconde de Falaise, de 1380 a 1387, llamado Regnaud Rigault. De este vizconde se menciona que “Seguramente, fue él quien pronunció la sentencia y presidió la ceremonia de ejecución. Quizás también fue él quien tuvo la sorprendente idea de invitar a los campesinos a asistir no sólo en familia, sino también acompañados por sus cerdos, a fin de que el espectáculo de la cerda supliciada “les sirviese de enseñanza”. Fue él, por último, el que encargó que se realizara una pintura en la iglesia de la Trinidad para conservar el recuerdo del acontecimiento”.
Dicha pintura se perdió en 1820, tras blanquearse toda la iglesia a la cal, aunque si se sabe que se representaba el niño devorado, su padre, la cerda vestida con ropas humanas, la horca, el verdugo, y el vizconde a caballo. Actualmente, hay proyectos para intentar recuperar la pintura, bajo las capas de cal y enduidos. En la pintura, según testimonios, la cerda “estaba vestida con una chaqueta, calzones, calzas en las patas traseras, guantes blancos en las patas delanteras; se la ahorcó debido a la aberración del crimen”.
En cuanto a las fuentes que utilizó Michel Pastoureau para obtener esta información, se menciona en una nota a pie de página que “Debo mi amistad con el canónigo Pierre Flament, antiguo archivista de la diócesis de Sées y antiguo presidente de la Sociedad Histórica y Arqueológica de Orne, el haber tenido acceso a dos dossiers compilados hacia 1880 por un cura erudito normando, Pierre Renard, que relatan distintos “hechos curiosos e historias singulares” que tuvieron lugar en las antiguas diócesis de Avranches, Sées y Bayeux”.
Este caso, no es el único juicio contra un cerdo, Michel Pastoureau, menciona que “en 1394, en Mortain, Normandía, se acarrea y humilla a un cerdo antes de ahorcarlo no sólo por haber matado a un niño, sino también por haber comido parte de su carne a pesar de que era viernes, día de vigilia”. Más adelante, se menciona que “en 1462, en Borest, parroquia perteneciente a la abadía Sainte-Geneviève, se libera a una cerda que había devorado a un niño mientras sus padres estaban en la iglesia por no podérsela ahorcar”.
Estos juicios contra cerdos no son casualidad, Michel Pastoureau explica que “La estrella de este bestiario judicial, no obstante, no es el caballo, sino el cerdo. En nueve de cada diez casos, es este animal el que comparece frente al tribunal”.
Esto no es casualidad, en primer lugar “Entre los mamíferos, el cerdo es quizás el más abundante en Europa hasta comienzos de la época moderna”.
En segundo lugar, los cerdos “son los más vagabundos”, y “el tránsito de los cerdos forma parte de la vida cotidiana”, por lo que “De allí no resulte sorprendente que dichos cerdos errantes ocasionen daños y accidentes con mayor frecuencia que el resto de los animales domésticos”.
Por último, en tercer lugar, “Para las sociedades antiguas, en efecto, el animal más cercano al hombre no es oso (pese a su aspecto externo y a sus prácticas de acoplamiento consideradas more hominium), menos aun el mono (hay que esperar hasta el siglo XVIII para que tal acercamiento sea considerado seriamente), sino el puerco. La medicina no se equivoca al estudiar, desde la Antigüedad hasta el siglo XIV, y a veces hasta el pleno siglo XVI, la anatomía del cuerpo humano a partir de la disección del cerdo”.
2. Bibliografía
Pastoureau Michel.: “Una historia simbólica de la Edad Media occidental”, Katz editores, octubre de 2006.
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